jueves, 17 de enero de 2013

Capitulo 3

Ya había cogido la medicina y la jeringa para inyectarla. Por suerte, al tener las llaves, el sistema de seguridad no se activó lo que me permitió escapar sin errores. Una ves afuera, me puse a reflexionar, ¡qué me estaba ocurriendo! Acababa de robar algo que puede valer millones. Que me puede encarcelar por el resto de mi vida. Y así es el ciclo de la vida, uno nace y muere. Tal como dice el dicho: Los muertos a la fosa y los vivos a la hogaza. No estaba de acuerdo con la medicina, pero mi opinión no les iba a importar a los multimillonarios dueños de MeCura. Ya sabía lo que haría. Al llegar a mi casa, guardaría la medicina y el día de mañana, aprovechando que es día de descanso, iré muy temprano para devolver la medicina y el lunes borrar el video de seguridad con la excusa que fue un accidente.

De niño me gustaban las armas. Sabía muchos modelos, desde armas de mano hasta LMGs. Aunque recién dí mi primer disparo a los 18, y más tarde compré algunas armas para practicar tiro al blanco, obviamente, legales. Tenía en mi casa una 1911, una Colt .45 (esas de acción simple) y una USP. La .45 era tal ves el segundo o tercer objeto más valioso en mi casa, después de mi 4x4 y mi televisor.Ya estaba por llegar a mi auto cuando ocurrió tal ves el por error de mi vida, y de la historia universal. Había olvidado el perro que me asustó. Al pasar de nuevo por ahí, el perro ladró y caí al suelo; el frasco con la enfermedad se rompió y su contenido se derramó al piso llegando al perro que lo lamió. El primer zombie, el infectado cero: el perro de mi vecino.

No sabía que ocurriría obviamente, aún desconocía cual era el efecto total del virus. Mi respuesta fue o confesar y pasar el resto de mi vida en prisión o escapar. Opté por la segunda opción. Corrí a mi hogar, y empecé a empacar. Ropa, mi título, dinero, las armas, etc. Todo lo que fuera necesario para iniciar una nueva vida. Pensé en pasar a por René pero... No quería involucrarla y su estado de salud no le permitiría el escape.

A la noche del día siguiente ya estaba a kilómetros de la ciudad en mi auto. En esa ciudad, dejé mi vida, mis pocos amigos, mi madrastra... y el inicio del fin del mundo. Para la noche del día siguiente, el perro se había transformado (tarda 12 horas en hacer efecto) y había mordido a su dueño, y el dueño y el perro a más y más. Aproximadamente 1000 infectados para el día uno, aunque mis matemáticas son malas. Ahora el virus es conocido como el virus MeCura. Tal ves no he mencionado esto: mi nombre es Sergio Gasmenda y soy el prisionero de la última resistencia en mi país, tras meses de huir fui capturado al pasar cerca de las instalaciones secretas de la resistencia. Acusado del asesino de la humanidad y todo lo viviente. Tras meses de huir y sobrevivir a los zombies he cambiado. Antes de ser capturado, hice unos cuantos amigos. Sé que ya están planeando mi escapatoria y también sé que eso podría involucrar la caída de la resistencia. Pero antes de ser liberado, quiero contarles como pasé de ser un simple médico a ser un sobreviviente del fin del mundo.

viernes, 11 de enero de 2013

Capitulo 2

Entré al laboratorio, habían muchos frascos y equipos. Mis conocimientos en medicina no eran suficientes como para comprender esto. Así que tan solo busqué frasco por frasco hasta que lo encontré. Tenía una etiqueta con un código, igual al de la hoja. Pero pasó algo que recién comprendo hoy. Esos retoques que faltaban a la medicina eran mentira. Aún apenas estaba a medio camino la cura. Se volvía a reactivar el sistema nervioso, la vista los oídos, en general los cinco sentidos. Pero el banco de memoria aún no se podía reanimar. Así mismo la inteligencia tampoco. Serían seres primitivos que solo seguirían sus instintos como respirar, caminar, gritar... y comer.El cuerpo ya no funcionaba de la misma manera. El corazón ya no es tan fuerte como antes, la sangre que llega al cuerpo no es tanta. Esto hace que el cuerpo adquiera una nueva tonalidad. Son seres cavernícolas que no piensan, solo comen. Y hay un dato más. La medicina es una enfermedad. Su función es inyectarla en el cuello y como no tenía un medio para expandirse en un ser muerto, se hizo como un parásito. El parásito se expandía por todo el cuerpo y lo reanimaba. Era contagioso , y si entra en otro organismo (vivo o muerto) hará que este cambie a la forma ya descrita. Faltaba hacer que se reactive el banco de memoria, la inteligencia y solucionar el problema del corazón y lo más importante, hacer que no sea contagioso. Si lo fuera, un revivido podría revivir a cuantos quiera con solo morderlo (si lo hace sangrar, su saliva entrará en su torrente sanguíneo).
Pero desconocía de esto. Solo lo robé y esperaría a que mi madre muera para dársela. Era sábado, así que el domingo no habría que trabajar. Ese día iría a la casa de mi madrastra a informarle.

martes, 8 de enero de 2013

Capítulo 1

Estaba volviendo a casa después de un día arduo de trabajo. Vivía a unas cuantas cuadras de mi trabajo así que no gastaba en transporte. Estaba solo en la calle, viendo en mi caminar a cada farol de luz. Algunos parpadeaban de ves en cuando. Un perro ladró y me asustó, por suerte estaba solo y nadie vio mi vergonzosa reacción. Era un poco miedoso. Una persona que trabajaba en una farmacia y que vivía solo. El miedo me suele dominar, también las ansias. No soy heroico ni fuerte ni alto. En resumen no soy un "imán" de mujeres.
Mis padres están muertos, murieron en un accidente. Eran divorciados, mi padre estaba casado con mi nueva madrastra en el entonces que murieron, cuando a penas tenía 12 años. Era muy pequeño para entender la razón por la cuál mis padres divorciados estaban en el mismo auto y cómo fue posible que mi padre maniobrara tan mal el auto. Tal ves hacían algo que hasta ahora no quiero ni imaginarme. Era tal ves esas noches donde las parejas olvidan sus pasadas discusiones y se dejan llevar. Pero no eran ni pareja. Mi madrastra quedó devastada, la quiero mucho. Es buena persona. No vive muy cerca, a más o menos una hora a pié.
Mi madrastra se llama René y me daba regalos siempre que la veía, para los tres meses que estuvo casada con mi padre antes de su muerte, ya me había obsequiado una buena cantidad de presentes. Logré agarrarle cariño, ella me crió de ahí en adelante. Tal ves la quiero porque como ella no puede tener hijos, me da ese afecto de madre que nunca recibí.
Ya casi había llegado a mi casa cuando me doy cuenta que olvidé mis llaves en la farmacia. La empresa MeCura era la más grande del continente en cuanto a la venta de medicinas. Era el punto tal que tenía su laboratorio de investigación médica. Investigaban la cura a enfermedades para ser los primeros y únicos en tenerla y venderla a altos precios. Habían ya encontrado la cura al asma, al lupus y a algunos cánceres como el leucemia. Pero eran muy caras. Estudié 9 años medicina en la mejor universidad del país. Gracias a mis estudios recibía una considerable paga que me permitió comprar una casa grande, tener auto y darme algunos lujos y comodidades.
Al llegar a la farmacia, saco las llaves para abrirla y entro. Casualmente yo era el administrador de una de las tiendas con laboratorio y una de las más importantes. Buscando en el mostrador mis llaves de mi hogar, encuentro algo. Una caja que el inspector de calidad de la misma empresa había olvidado hoy. La ansiedad me superó y abría la caja. Encontré un informe, al leerlo me dí cuenta que MeCura estaba buscando la cura a la peor de todas las enfermedades, la más terminal y la más crónica de todas. Que ninguna otra persona ni se le habría ocurrido buscar su cura. Exacto, MeCura buscaba la cura a la muerte. Estaba sorprendido, si encontraban la solución pasarían a ser la mejor empresa en el globo. René había caído enferma. Muy enferma. La enfermedad aún no se sabía cual era, pero algo era seguro. Morirá pronto. Esto podría revivirla. Pero seguro que el precio sería tan alto que ni con todas mis pertenencias juntas la podría pagar, además aun no estaba terminada del todo. Le faltaban retoques.
Increíblemente para mi fortuna, la medicina se estuvo desarrollando en este mismo laboratorio (esto implicaba que era un gran secreto para que ni se lo informen al administrador de la misma tienda). No tenía opción. Estaba decidido a robarla.